Te busqué sin pretenderlo
Necesito mi ración diaria de risa, de perversión
Al fin y al cabo la aventura está a su nombre. Al fin y al cabo la vida es corta
Ciudad dormida en un leve terremoto que nadie advierte
Estás al otro lado de la línea y pareces sonreír en el brillante susurrar de palabras llenas de insinuación; así como estamos, comunicados cada uno en su burbuja
Juntas valemos nuestro peso en oro y la quiero exigente, que su pasión sólo se vea limitada por mi resistencia
Siempre deseé subirme a un viejo tren sin viajeros y que el maquinista llevara la máquina despacito, seguramente te recordaría al atravesar una gran nevada, que es cuando la vía se pone especialmente complicada