Bocados que sesgan de cuajo cualquier ironía de la vida
Salgo a la calle que ahora forma un óvalo perfecto
Disipamos el sabor de su cuerpo mojado con nuestro terrenal olor
Tú siempre estarás ahí, en los recuerdos de las pantallas en blanco
Algunas veces recorre con su lengua piernas largas que ve por la calle
Su reflejo se mantiene inmóvil en el espejo, que al final es el que nos devuelve las miradas tal y como las inventamos, y por más que preguntemos, no nos dará las respuestas que en su día, exigió la madrastra de Blancanieves
Ella arquea la espalda sobre la cama y la luz se refleja en su boca entreabierta