Estremece mi espalda la palabra escondida dentro del fondo conquistado por la piraña que me sube por el cuello y empieza a perforarme poco a poco, marca los acontecimientos, sangran mis encías y éstas, dan carnaza a la punta de mi lengua arrebatándome el sueño de ser una princesa encadenada a los cuentos de hadas
Me planto ante él desnuda y caliente. Sé que estás mirando cuando viene a por mí
Sonrío con tu boca, escondida y avergonzada entre tus dientes.
Millones de piedras lanzadas al vacío, sólo una al infinito
Le enseñaron a hablar las almas que pendían de un hilo y se deshacían dentro de puños violentos, se acostumbró al silencio, a la caricia del verdugo y aprendió que las heridas más dolorosas no sangran. Cuanto más crecía, su grito fue haciéndose más y más anónimo. Tengo unas palabras que cercenan mi cuello, ese no hacer nunca nada, nada…
Y lo dejamos dentro del vaso a medio llenar para que se empape bien de nuestra torpeza
La ternura me anestesia y me sonríe con alegría cuando la visto en miles de gestos y la desnudo en uno solo