Tenía un amante artificial que se escondía en la sombra y desde allí, la observaba en silencio. Entre sus manos se enredaba el hilo que les sujetaba y que al mismo tiempo les separaba, haciéndose más latente la distancia que dolía como su promesa de darle vida, como un prólogo que emanaba de la ilusión de dar ese pequeño paso hacia el cajón de la mesilla

Hoy cierra los ojos y se ríe y hace cosquillas y revuelve el pelo y siente la piel temblorosa saboreando la duda de si es mejor tener o no tener, liberado de la atadura del discurso extremo, remolino provocador del ahora sí, ahora no porque en algún momento se rompe la cuerda y deja de rodar hasta una distancia prudente para alejarse demasiado
A ella le han dicho cosas que no son mentiras ni verdades... Y piensa que vive en un lugar que en realidad no es un lugar, es una estación del año
Me sienta bien tu paso cuando te vuelves íntimo, seguramente casi feliz y me ofreces tu mano leal que aprieta un poco la mía cuando se despide
Vomitar palabras lo suficientemente abultadas para que armen este aire quieto
Esa paz que se incrusta en el medio de mis neuronas y las hace temblar, que marca el ritmo adecuado, el equilibrio correcto, el empuje justo, la trayectoria perpetua, esa paz que me libera, esa paz que no conoce la antesala de la violencia, esa paz sin rabia, sin desesperación por conseguirla
Así andaría todo el día, juguetona entre tus telas, mirando absorta la luz que se cuela por debajo de la puerta, pensando lo difícil que es mirarte y no sentir tu mirada inquieta