¿Me servirán los dedos? ¿Los labios? ¿El oído?
El hombre vive en un recuerdo de la ventana a través de la cual veía una isla, en transposición con el océano, la luna y la ventana; al hombre que fue una isla en su océano le temblaban los dedos al pasar las hojas del libro
Abre posibilidades a la fragilidad del beso, en su boca ya no quedan indicios de tormenta pero aún hay agua en la copa de abierto cristal
Le encanta ensayar consigo misma cuando las manos no bastan y las sábanas realizan su parte
Tu voz que acaba por diluirse en una metáfora
Y nada existe en ese breve instante de la vida donde la luz intrusa forma listas de colores en la pared y donde todo es menos que un recuerdo pero más que una sentencia para el futuro cercano
Se abre y se hace más y más presente