Intuir la vida como un fuego que nace en la garganta y proclama la búsqueda incansable de un verbo que duerme en una página miserable
Se siente como una cualquiera esperando que la elija el azar para oler los pliegues húmedos de la noche
A ver cómo le explica que la quiere pero que no la soporta a su lado
Dibuja una línea muy fina para establecer la distancia, le sale torcida y es que sus dedos tienen intolerancia a las palabras

Esa ausencia dejó paso a unos dedos inútiles e inexpertos intentando infructuosamente escalar patéticas cimas
Como una señora, con mucho cuidado en no desvalijar los cuerpos más de lo debido, en no demorar las prisas lucrándose de placer ajeno
Abre las piernas y cose sus labios para no decir: “Quédate”