Vendrán días nuevos de gloriosa aniquilación y nadie, nadie podrá impedir ese fuego, ese azote que tanto ansío
¿Qué reemplaza al deseo cuando este desaparece?
Tus dientes me arrancan la cordura
Por encima de tu sudor que se suma al mío, más lejos de mi aliento que me busca y no me alcanza

Escucha ahora la voz ajena que apacigua tu mirada en su boca
Quieres construir con nuestras palabras castillos de arena que bajo este viento no son más que aire y arena pero llevan del corazón el latido sereno y el supurar del alma
Ese movimiento te impulsa hacia mis labios