Y nada existe en ese breve instante de la vida donde la luz intrusa forma listas de colores en la pared y donde todo es menos que un recuerdo pero más que una sentencia para el futuro cercano
Se abre y se hace más y más presente
Mudas espectadoras de mí
Sacude el cuerpo, en un metro de baldosa se quita la ropa
Cualquier día de estos será otra
Ignorando los mapas, deshaciendo el maleficio, sabiendo que la poesía coge un cierto color entre violeta y carmesí cuando comienza a oler distinto el ardor posesivo y convaleciente
Las imprecisiones en el personaje que se escondía detrás de la bruma gris de la vieja plaza centenaria hicieron que su mente cambiara de ubicación en la semblanza que excedía a su propia moral