Le dijo que se adelantara y ella no dudó en que la seguiría
Se deja abrazar por el presente sin dejar de pensar en el futuro
El sonido de la piel como eco adormecido que desviste la mente de cualquier miserable tentación que pueda tener el corazón
Ese cuerpo tan vulnerable sujeta esas manos que acarician las cenizas de esta luz artificial para que jamás resbalen los hilos de entre la punta de los dedos
Y esas piedras a veces respiran pero agradecen el silencio que hace más bella la ausencia
Qué sabrá ella si se acobarda ante el reflejo de un párrafo que no formula preguntas

Algo que no contradiga las palabras que arrastra el viento hasta las regiones más devastadas de la alegría