
Esa ausencia dejó paso a unos dedos inútiles e inexpertos intentando infructuosamente escalar patéticas cimas
Como una señora, con mucho cuidado en no desvalijar los cuerpos más de lo debido, en no demorar las prisas lucrándose de placer ajeno
Abre las piernas y cose sus labios para no decir: “Quédate”
Le dijo que se adelantara y ella no dudó en que la seguiría
Se deja abrazar por el presente sin dejar de pensar en el futuro
El sonido de la piel como eco adormecido que desviste la mente de cualquier miserable tentación que pueda tener el corazón
Ese cuerpo tan vulnerable sujeta esas manos que acarician las cenizas de esta luz artificial para que jamás resbalen los hilos de entre la punta de los dedos