Cuando no quiere escuchar, se viste sólo con el collar y le odia
Frente al espejo hurga con una mano la sombra que no proyecta
Intentando componer una canción que rompa la baraja para poder así llevarle los trozos
Con un tacto suave de huida hacia la esquina que nunca le da tiempo a torcer
Resortes que cuelgan de una quimera
Cuando sonríe es suave, tremendamente guapo, como una Afrodita varonil que de golpe la coloca boca abajo
Regresar sin ninguna razón, con la estúpida obediencia al tiempo que se muere en ese segundo de dolor o se adelanta en un hábito asqueroso